Criar entre dos códigos culturales

Queridas amigas gracias por estar aquí un domingo más.
Migrar también puede transformar nuestra manera de criar. Muchas mujeres construyen sus familias en un país distinto de aquel en el que crecieron y descubren que la maternidad también implica transmitir una historia, incorporar nuevas referencias y permitir que los hijos construyan su propia relación con ellas. Esta semana reflexiono sobre identidad, pertenencia y esas pequeñas tradiciones familiares que consiguen viajar de una generación a otra.
Mujer Migrante25/10/2026María PiñaMaría Piña
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=
Mujer migrante más allá del viaje

Hay cosas de la maternidad para las que nadie te prepara.

Y luego está criar a tus hijos en un país diferente de aquel en el que tú aprendiste a ser hija.

Porque antes de ser madres fuimos niñas.

Crecimos escuchando determinadas palabras. Aprendimos unas normas. Incorporamos maneras de saludar, de sentarnos a la mesa, de celebrar, de corregir y de mostrar cariño.

Muchas de esas cosas ni siquiera sabíamos que eran culturales.

Eran simplemente nuestra manera de vivir.

Hasta que crías en otro lugar y descubres que tus hijos crecen rodeados de otros códigos, expresiones y referencias.

En mi caso hay, además, varias geografías mezclándose.

Nací en República Dominicana, crecí en Panamá y llevo más de veinte años construyendo mi vida en España. Mis referencias no proceden de un único lugar y mis hijos han nacido aquí.

En nuestra familia hubo una decisión que mi marido y yo tuvimos clara: queríamos que nuestros hijos tuvieran también la nacionalidad dominicana, además de la española.

Y así lo hicimos.

Era una manera de reconocer formalmente una parte de su historia que llegaba hasta ellos a través de mí.

Pero con el tiempo he comprendido que la pertenencia no se construye solamente con un documento que acredita una nacionalidad.

Se construye también alrededor de una mesa.

En casa hemos comido siempre platos de la cocina tradicional dominicana y el 27 de febrero, Día de la Independencia Nacional de mi país natal, tenemos por costumbre almorzar “la bandera”: arroz blanco, habichuelas guisadas, pollo guisado y plátano frito.

Y algunas veces esa transmisión ocurre de la forma más inesperada.

Cuando mis hijos eran pequeños, una amiga me trajo de República Dominicana gofio, una harina que inmediatamente me devolvió a mi infancia.

De niña jugaba a ponerme un poco en la boca, sin tragar, e intentar decir la palabra “gofio”, cosa que provocaba la risa inmediata.

Así que hice exactamente lo mismo con mis hijos.

Y volvimos a reírnos.

Muchos años después, estaba viviendo con ellos un juego que había formado parte de mi infancia a miles de kilómetros de distancia.

No hubo ninguna explicación solemne sobre raíces, identidad o pertenencia.

Solo una madre, sus hijos, un poco de gofio en la boca y muchas risas.

Y, sin embargo, allí también se estaba transmitiendo una historia.

Cuando nuestros recuerdos empiezan a ser también los suyos

Hay tradiciones que no se quedaron solamente en mi infancia, sino que terminaron instalándose en nuestra propia familia.

Una de las más significativas llega cada Navidad.

En casa jugamos a “El Angelito”, el intercambio de regalos que yo hacía en mi tierra y que quise mantener cuando formé mi propia familia.

Cuando mis hijos eran pequeños, mi mejor amiga los acompañaba a comprar sus regalos para que pudieran mantener en secreto quién les había tocado. Después, en Nochebuena, jugábamos a adivinar quién había sido nuestro Angelito.

Los niños crecieron, pero El Angelito se quedó.

Seguimos haciéndolo cada Navidad.

Ahora forma parte también de los recuerdos de infancia de mis propios hijos.

Y en nuestra casa no ha estado presente solamente República Dominicana.

Yo crecí en Panamá y esa parte de mi historia también ha llegado hasta ellos. Recuerdo cuando mi madre les llevó unos trajes típicos panameños. Se los pusieron, escucharon música panameña y ella les fue contando de dónde procedían aquellos trajes.

También está presente en pequeños detalles cotidianos, como cuando a los plátanos maduros fritos les llamamos “tajadas”.

Con el tiempo, mis hijos también han podido viajar a República Dominicana y encontrarse con un país que, de alguna manera, ya conocían.

Habían probado sus sabores en nuestra mesa. Habían escuchado historias, celebrado fechas y vivido tradiciones.

Antes de conocer físicamente una parte de sus raíces, ya habían convivido con ella dentro de casa.

Una historia que después harán suya

Creo que ahí he entendido algo importante.

Transmitir nuestras raíces a nuestros hijos no consiste en decidir por ellos cómo deben relacionarse con los lugares que forman parte de su historia.

Podemos contarles de dónde venimos. Cocinar. Celebrar. Conservar tradiciones. Llevarlos a conocer nuestros lugares.

Después ellos construirán su propia relación con todo ello.

Porque nuestros hijos heredarán parte de nuestro viaje, pero no tienen que recorrerlo de la misma manera que nosotras.

Mis hijos no han vivido mi infancia.

Yo tampoco he vivido la suya.

Pero una parte de aquella niña que fui aparece cada Navidad cuando jugamos a El Angelito, cada 27 de febrero alrededor de nuestra mesa o en una carcajada provocada por un poco de gofio.

Y ahora esos recuerdos ya no son solamente míos.

También son de ellos.

Tal vez criar entre distintos códigos culturales sea precisamente eso: compartir con nuestros hijos de dónde venimos sin decidir por ellos quiénes tienen que ser.

Y permitir que construyan, con todo lo recibido y todo lo vivido, su propia manera de pertenecer.

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.

Un fuerte abrazo,

María Piña

Periodista, escritora y conferenciante. Fundadora y presidenta del Ecosistema Mujer y Poder e impulsora de proyectos para la visibilidad y el liderazgo de las mujeres migrantes.

Te puede interesar
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

Los trámites que organizan una vida

María Piña
Mujer Migrante18/10/2026
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Un trámite puede parecer solo un trámite hasta que de su resolución depende un trabajo, unos estudios, un viaje o la posibilidad de hacer planes. Para muchas personas migrantes, los tiempos administrativos conviven con los tiempos de una vida que no se detiene. Esta semana, reflexiono sobre esa parte menos visible de la migración: la espera, la incertidumbre y la necesidad de que los procedimientos sean también comprensibles, accesibles y humanos.
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

Los objetos que también hicieron la maleta

María Piña
Mujer Migrante04/10/2026
Queridas amigas:
Gracias por estar aquí un domingo más. La semana pasada os hablaba de las palabras que vamos incorporando cuando vivimos entre distintos países y culturas, y de cómo llega un momento en que todas terminan formando parte de nuestra manera de hablar. Esta semana me he quedado pensando en otra cosa que también viaja con nosotras: los objetos.
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

Vivir traduciendo

María Piña
Mujer Migrante27/09/2026
Queridas amigas gracias por estar aquí un domingo más.
Hoy me he sentado a escribir pensando en todas esas palabras, expresiones y maneras de hablar que vamos incorporando cuando vivimos lejos del lugar donde nacimos. Y, mientras intentaba encontrar alguna que me sirviera para empezar esta reflexión, me he dado cuenta que después de tantos años viviendo entre distintos países, hay palabras de las que ya ni siquiera sé decir si son de allí, de aquí o de alguno de los lugares que también forman parte de mi historia.
Y entonces apareció una muy sencilla.
«Vale».
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

El currículum que pierde valor al cruzar una frontera

María Piña
Mujer Migrante20/09/2026
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más... Migrar también puede significar empezar de nuevo profesionalmente. Títulos pendientes de homologación, años de experiencia que parecen perder peso, currículums que aprendemos a reducir y trabajos alejados de aquello para lo que nos formamos. Detrás de la sobrecualificación de muchas mujeres migrantes hay también una realidad menos visible: el impacto que ese proceso puede tener en nuestra autoestima, nuestra identidad profesional y nuestro bienestar emocional.
Lo más visto

Escuchar también es cuidar

María Piña
Actualidad10/10/2026
Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, queremos detenernos en algo que parece sencillo y no siempre lo es: escuchar. Escuchar sin juzgar, sin apresurarnos a responder, sin convertir la experiencia de otra persona en un consejo rápido o en una historia ajena. Porque hablar de salud mental también exige revisar cómo acompañamos.
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

La salud mental también viaja en la maleta

María Piña
10/10/2026
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Las mujeres migrantes afrontamos pérdidas, separaciones, incertidumbres y responsabilidades que no siempre podemos detenernos a procesar. Sentir tristeza, miedo o cansancio no significa padecer una enfermedad mental, pero aquello que callamos y acumulamos también necesita un espacio para ser reconocido y cuidado.
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

Los trámites que organizan una vida

María Piña
Mujer Migrante18/10/2026
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Un trámite puede parecer solo un trámite hasta que de su resolución depende un trabajo, unos estudios, un viaje o la posibilidad de hacer planes. Para muchas personas migrantes, los tiempos administrativos conviven con los tiempos de una vida que no se detiene. Esta semana, reflexiono sobre esa parte menos visible de la migración: la espera, la incertidumbre y la necesidad de que los procedimientos sean también comprensibles, accesibles y humanos.
multimedia.normal.84d4e1b19be434a2.bm9ybWFsLndlYnA=

Criar entre dos códigos culturales

María Piña
Mujer Migrante25/10/2026
Queridas amigas gracias por estar aquí un domingo más.
Migrar también puede transformar nuestra manera de criar. Muchas mujeres construyen sus familias en un país distinto de aquel en el que crecieron y descubren que la maternidad también implica transmitir una historia, incorporar nuevas referencias y permitir que los hijos construyan su propia relación con ellas. Esta semana reflexiono sobre identidad, pertenencia y esas pequeñas tradiciones familiares que consiguen viajar de una generación a otra.