
Escuchar también es cuidar
María PiñaDurante demasiado tiempo, la salud mental estuvo rodeada de silencios, prejuicios y etiquetas.
Muchas personas aprendieron a callar lo que sentían por miedo a ser consideradas débiles, inestables, exageradas o incapaces de afrontar la vida. Hablar de ansiedad, depresión, trauma o sufrimiento emocional era, en demasiados casos, algo que debía mantenerse dentro de casa.
Afortunadamente, esa realidad está cambiando.
Hoy hablamos más de salud mental. Está presente en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las conversaciones familiares, en los centros educativos, en los lugares de trabajo y en espacios donde hasta hace pocos años apenas encontraba lugar.
Ese avance importa.
Pero hablar más no significa necesariamente escuchar mejor.
Este año, la Organización Mundial de la Salud ha elegido para el Día Mundial de la Salud Mental el lema “Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real”. La propuesta va más allá de dar visibilidad a testimonios. Plantea que las personas que han atravesado problemas de salud mental participen también en las decisiones, políticas y servicios que afectan directamente a sus vidas.
La diferencia es importante.
Porque escuchar no es únicamente dejar hablar.
Escuchar significa no minimizar.
No responder automáticamente con un “anímate”, “todo pasa”, “tienes que ser fuerte” o “hay personas que están peor”.
Significa entender que no siempre tenemos una respuesta adecuada y que acompañar a alguien no consiste necesariamente en resolver lo que le ocurre.
También significa evitar otro extremo que empieza a preocuparnos: convertir cualquier malestar cotidiano en un diagnóstico.
La normalización de la conversación sobre salud mental ha traído consigo una difusión enorme de información, especialmente a través de las redes sociales. Eso puede ayudar a identificar situaciones y a romper estigmas, pero también puede simplificar realidades muy complejas.
No toda tristeza es depresión.
No toda preocupación es ansiedad.
No toda experiencia difícil es un trauma.
Y tampoco deberíamos utilizar términos clínicos como etiquetas o insultos para describir a las personas que nos rodean.
La salud mental necesita conversación, pero también necesita rigor.
Desde Mujer y Poder creemos especialmente necesario mantener una mirada atenta hacia las mujeres.
Muchas continúan sosteniendo responsabilidades familiares, laborales y emocionales mientras sienten que deben seguir funcionando con normalidad. Mujeres que cuidan, trabajan, resuelven, acompañan y responden a las necesidades de otras personas mientras postergan las propias.
Y también mujeres que atraviesan situaciones de violencia, soledad, precariedad, duelo, enfermedad, migración o ruptura de sus redes personales.
No todas viven estas circunstancias del mismo modo y sería un error convertirlas en un único relato.
Precisamente por eso necesitamos escuchar más y presuponer menos.
Hoy no queremos lanzar un mensaje basado en la obligación de ser fuertes.
Queremos reivindicar el derecho a pedir ayuda.
El derecho a decir “no estoy bien”.
El derecho a atravesar momentos difíciles sin sentirse culpable por ello.
Y también el derecho a recibir una atención digna, accesible y centrada en cada persona.
La OMS insiste este año en que la experiencia vivida no puede reducirse a un testimonio simbólico: las personas deben formar parte de la construcción de los sistemas y respuestas de salud mental.
Nos parece una idea que podemos trasladar también a nuestra vida cotidiana.
Preguntar.
Escuchar.
No juzgar.
Saber cuándo acompañar y cuándo ayudar a buscar apoyo profesional.
Este 10 de octubre no necesitamos únicamente hablar más de salud mental.
Necesitamos aprender a escuchar mejor.
Porque a veces una conversación no resuelve una vida.
Pero puede ser el lugar donde alguien empiece a sentir que no tiene que sostenerla en soledad.


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