Y no me refiero a la vuelta a clases. Me refiero lo que supone volver a ti después de un período largo de haber estado fuera de casa, en mi caso dos meses y medio fuera de Andalucía cuando el plan inicial era un fin de semana largo por Burgos.
“El pesimismo tiene un prestigio intelectual que no merece” cito a José Antonio Marina con orgullo e identificándome al cien por cien con esta frase que me parece arrolladora.
Se dice que siete de cada diez personas tienen miedo a hablar en público. Esto, frente a cuatro de cada diez que dicen tener miedo a volar en avión. Es decir, preferimos subirnos a un avión y pensar “si se cae, ya nos tocaba”, antes que ponernos frente a un grupo y sostener nuestra idea, nuestro proyecto; nuestra voz. Esto es revelador.
Y sí, lo sé: la época se presta. Cerramos ciclos, abrimos agendas nuevas, nos llenamos de imágenes aspiracionales y, sin darnos cuenta, empezamos a desear cosas que a veces ni siquiera son realmente nuestras. Pero antes de recortar, pegar y proyectar hacia adelante, la invitación es detenerte un momento.
Los estudios más serios sobre bienestar —como el World Happiness Report o la investigación de Harvard sobre desarrollo adulto, que lleva más de 80 años estudiando la felicidad humana— coinciden en lo mismo: la felicidad verdadera no viene de lo que tenemos, sino de cómo nos relacionamos con lo que vivimos.
Aceptar no es resignarse; es reconocer lo que ocurrió sin adornos ni tampoco dramatismos. Es dejar de pelear con la realidad para poder sentir lo que está ahí, sin necesidad de etiquetarlo.
Nuestros pensamientos, moldeados por lo vivido, se convierten en filtros que interpretan cada situación. Y lo curioso es que terminamos respondiendo como si fuera la verdad absoluta.
No es cursilería, es neurociencia emocional: la autocompasión, la aceptación de nuestras luces y nuestras sombras, y la autoestima profunda, son la base para poder ofrecer un amor sano a los demás. Quiroz Adame lo resume así: “El amor es un acto de creación. No es algo que se encuentra, es algo que se construye.”
El desarrollo personal, en su esencia, nos invita a desvelar lo que ya somos. Es el arte de vivir conscientemente, de escucharnos en silencio y de responder a la vida —no desde el miedo, sino desde la presencia, la compasión y la responsabilidad interior.
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Un trámite puede parecer solo un trámite hasta que de su resolución depende un trabajo, unos estudios, un viaje o la posibilidad de hacer planes. Para muchas personas migrantes, los tiempos administrativos conviven con los tiempos de una vida que no se detiene. Esta semana, reflexiono sobre esa parte menos visible de la migración: la espera, la incertidumbre y la necesidad de que los procedimientos sean también comprensibles, accesibles y humanos.
Queridas amigas gracias por estar aquí un domingo más.
Migrar también puede transformar nuestra manera de criar. Muchas mujeres construyen sus familias en un país distinto de aquel en el que crecieron y descubren que la maternidad también implica transmitir una historia, incorporar nuevas referencias y permitir que los hijos construyan su propia relación con ellas. Esta semana reflexiono sobre identidad, pertenencia y esas pequeñas tradiciones familiares que consiguen viajar de una generación a otra.
Madrid acogerá los próximos 5 y 6 de noviembre el II Encuentro Iberoamericano de Liderazgo Empresarial Femenino, organizado por la Asociación de Mujeres Empresarias Iberoamericanas (AMEIB). La cita, presentada el pasado 21 de octubre en la Oficina Comercial de PROMPERÚ en España, pondrá el foco en la cooperación internacional, el acceso a nuevos mercados y las oportunidades de crecimiento para las mujeres empresarias.