“El pesimismo tiene un prestigio intelectual que no merece” cito a José Antonio Marina con orgullo e identificándome al cien por cien con esta frase que me parece arrolladora.
Se dice que siete de cada diez personas tienen miedo a hablar en público. Esto, frente a cuatro de cada diez que dicen tener miedo a volar en avión. Es decir, preferimos subirnos a un avión y pensar “si se cae, ya nos tocaba”, antes que ponernos frente a un grupo y sostener nuestra idea, nuestro proyecto; nuestra voz. Esto es revelador.
Y sí, lo sé: la época se presta. Cerramos ciclos, abrimos agendas nuevas, nos llenamos de imágenes aspiracionales y, sin darnos cuenta, empezamos a desear cosas que a veces ni siquiera son realmente nuestras. Pero antes de recortar, pegar y proyectar hacia adelante, la invitación es detenerte un momento.
Los estudios más serios sobre bienestar —como el World Happiness Report o la investigación de Harvard sobre desarrollo adulto, que lleva más de 80 años estudiando la felicidad humana— coinciden en lo mismo: la felicidad verdadera no viene de lo que tenemos, sino de cómo nos relacionamos con lo que vivimos.
Aceptar no es resignarse; es reconocer lo que ocurrió sin adornos ni tampoco dramatismos. Es dejar de pelear con la realidad para poder sentir lo que está ahí, sin necesidad de etiquetarlo.
Nuestros pensamientos, moldeados por lo vivido, se convierten en filtros que interpretan cada situación. Y lo curioso es que terminamos respondiendo como si fuera la verdad absoluta.
No es cursilería, es neurociencia emocional: la autocompasión, la aceptación de nuestras luces y nuestras sombras, y la autoestima profunda, son la base para poder ofrecer un amor sano a los demás. Quiroz Adame lo resume así: “El amor es un acto de creación. No es algo que se encuentra, es algo que se construye.”
El desarrollo personal, en su esencia, nos invita a desvelar lo que ya somos. Es el arte de vivir conscientemente, de escucharnos en silencio y de responder a la vida —no desde el miedo, sino desde la presencia, la compasión y la responsabilidad interior.
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más...Algunas mujeres migrantes aprendemos a ocultar la tristeza para no preocupar a quienes amamos. Otras veces, sin embargo, descubrimos algo todavía más difícil de explicar: la culpa que aparece cuando la vida empieza a ir bien lejos de casa. Una reflexión sobre la felicidad, la gratitud y esos sentimientos que acompañan a muchas mujeres migrantes cuando alcanzan metas que un día parecían imposibles.
Carolina Marín se sumó en Málaga a una iniciativa de sensibilización sobre el melanoma, uno de los cánceres de piel más agresivos. La jornada reunió a especialistas que insistieron en la importancia de la protección solar y la detección temprana ante una enfermedad que deja alrededor de 600 casos al año en la provincia malagueña.
Más de un año después de su nacimiento en digital, MP Magazine da el salto al papel arropada por instituciones, empresas, universidad, protagonistas y comunidad
Queridas amigas gracias por estar aquí un domingo más...Hoy quiero hablaros de una frase que, probablemente, muchas de vosotras también habéis escuchado alguna vez. Una frase que parece un cumplido, pero que, en ocasiones, esconde todo un mundo de esfuerzo invisible.