Ser mujer migrante: cómo cambian las fechas cuando vives lejos

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Hoy es mi cumpleaños y me apetece compartir con ustedes una reflexión que tiene sentido en este espacio que seguimos construyendo juntas, Mujer Migrante — Más allá del viaje.
Nací un domingo 31 de mayo, que en 1981 coincidió con la celebración del Día de las Madres en mi país.
Hoy, al vivirlo desde aquí, ese cruce adquiere otro significado. Hay coincidencias que, cuando se miran desde la distancia, cambian de lugar y revelan matices que antes pasaban desapercibidos.
Mujer Migrante31/05/2026María PiñaMaría Piña
Mujer migrante más allá del viaje
Mujer migrante más allá del viaje

Durante años, ese dato formaba parte de mi historia sin ocupar demasiado espacio. Se mencionaba como una curiosidad al decir de dónde vengo, sin detenerse en lo que podía llegar a contener.

Con el tiempo, y también con la experiencia de vivir lejos, comenzó a adquirir otro sentido.

La migración no solo implica un cambio de lugar. También transforma la forma en la que se viven los días, las celebraciones y los pequeños rituales que acompañan la vida cotidiana. El calendario deja de ser una referencia única para convertirse en un espacio donde conviven tiempos distintos.

El Día de las Madres en República Dominicana no coincide con el que se celebra en España. Ese desfase en el calendario, que podría parecer insignificante, adquiere relevancia cuando atraviesa tu propia experiencia. Porque entonces las fechas dejan de ser algo dado y empiezan a resignificarse.

Hay celebraciones que llegan sin el contexto en el que siempre fueron vividas. Mantienen su importancia, pero cambian de forma. Se recuerdan de otra manera. Se viven desde un lugar distinto.

Cumplir años lejos forma parte de ese mismo proceso.

No tiene que ver con una comparación, sino con una manera diferente de situarse en el tiempo. Con la conciencia de que el origen sigue presente, mientras la vida continúa en otro territorio.

Mujer migrante más allá del viajeSer mujer migrante: identidad y pertenencia entre dos realidades

En este caso, además, aparece otra dimensión que atraviesa el día: la de mi papel como madre.

Porque el Día de las Madres ya no remite solo a lo que viví en mi país de origen. También se construye desde mi propia experiencia actual. Desde cómo se crea, se cuida y se acompaña en el lugar donde hoy estoy.

Esa vivencia no sustituye a la anterior. La amplía.

La identidad, cuando se ha vivido la migración, no se fragmenta. Se transforma y se enriquece con nuevas capas que se van incorporando con el tiempo.

Hay algo en este cruce de fechas que refleja precisamente eso. La posibilidad de convivir con distintos significados sin necesidad de reducirlos a uno solo. La capacidad de reconocer lo que forma parte de la historia personal y, al mismo tiempo, seguir construyendo desde el presente.

Hoy, al celebrar mi cumpleaños, aparece con claridad esa combinación. La memoria del lugar del que vengo y la realidad desde la que vivo.

No como dos espacios separados, sino como parte de un recorrido en el que cada elemento encuentra su propio lugar.

Las mujeres migrantes vivimos ese proceso en distintos planos. No solo en lo visible, sino también en lo simbólico. En la manera en la que recordamos, en cómo celebramos y en cómo interpretamos aquello que forma parte de nuestra historia.

A veces no necesita explicarse demasiado. Basta con reconocer que está ahí.

Este día no es solo una fecha en el calendario. Es también una forma de comprender cómo la vida se amplía sin dejar atrás lo que la hizo posible.

Hay momentos que no pertenecen a un único lugar.

Y en esa combinación es donde, muchas veces, se reconoce con mayor claridad quiénes somos.

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.

Un fuerte abrazo,
María Piña
Periodista y creadora de las Jornadas Mujeres Migrantes

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