
¿Qué significa realmente integrarse?
María Piña
Cuando llegué a España, en 2005, una de mis primeras experiencias profesionales estuvo precisamente vinculada a esa palabra.
En Sevilla comencé a trabajar como locutora en Integración Radio, una emisora dirigida principalmente a la población migrante. Recuerdo aquellos estudios y, sobre todo, lo que ocurría alrededor de la radio. Para muchas de las personas que estaban llegando a la ciudad, era mucho más que un lugar donde escuchar su música o entretenerse.
Allí circulaba información, se anunciaban actividades y se compartían noticias de nuestros países. Las personas llamaban, preguntaban, se reconocían en las voces que escuchaban y encontraban una manera de mantenerse conectadas con una comunidad que también estaba intentando hacerse un lugar en una ciudad nueva.
Yo acababa de llegar y también estaba construyendo el mío.
Pero hay algo que recuerdo especialmente de aquellos años: entre quienes nos escuchaban también había muchas personas españolas. Llamaban a la radio porque les gustaba nuestra música, participaban en las actividades que organizábamos y se acercaban a nuestra gastronomía y a nuestras culturas., aquello me parecía maravilloso.
Pensándolo ahora, resulta significativo que aquella emisora se llamara precisamente Integración Radio. Han pasado más de veinte años y sigo preguntándome qué queremos decir cuando utilizamos esa palabra.
Quizá aquella experiencia me dio una respuesta mucho antes de que yo me planteara la pregunta.
Cuando el encuentro ocurre en las dos direcciones
Integrarse no puede consistir solamente en que quien llega aprenda cómo funciona el nuevo lugar, conozca sus códigos y se adapte a ellos.
Aquella radio nos permitía mantener vínculos con nuestros lugares de origen mientras empezábamos a construir otros nuevos en Sevilla. Al mismo tiempo, abría una puerta para que personas que habían nacido allí se acercaran a nuestras músicas, nuestras comidas, nuestras celebraciones y nuestras maneras de entender el mundo.
Eso también era integración.
Más de veinte años después, España forma parte de mi vida y de quien soy. Aquí he construido mi familia, buena parte de mi trayectoria profesional, amistades, proyectos y vínculos. Y sigo siendo una mujer migrante.
No encuentro ninguna contradicción entre ambas realidades.
Podemos incorporar nuevas costumbres sin abandonar todas las nuestras. Podemos sentirnos parte del lugar donde vivimos y continuar profundamente vinculadas al país donde nacimos o a otros lugares que también forman parte de nuestra historia.
La identidad no necesita funcionar como una elección entre dos casillas.
El problema aparece cuando confundimos integración con asimilación y esperamos que quien llega se adapte hasta que aquello que la diferencia deje de resultar visible.
Convivir exige conocer y respetar unas normas comunes, por supuesto. Pero una sociedad diversa no necesita que todas las personas terminemos pareciéndonos. Necesita espacios donde podamos conocernos, relacionarnos y participar en condiciones de igualdad.
Formar parte también significa participar
Para mí hay una palabra inseparable de esta conversación: participación.
Sentirse parte de una sociedad tiene mucho que ver con poder intervenir en ella. Participar en el colegio de nuestros hijos, formar parte de una asociación, trabajar, emprender, hacer cultura, crear proyectos, aportar conocimiento o implicarnos en nuestros barrios y ciudades.
Las personas migrantes no llegamos únicamente con necesidades. Llegamos también con conocimientos, capacidades, profesiones, experiencias e ideas que pueden contribuir a la sociedad en la que comenzamos una nueva etapa.
Por eso, quizá deberíamos dejar de medir la integración preguntándonos únicamente cuánto ha cambiado quien llegó.
También podemos preguntarnos qué espacios existen para encontrarnos y cuánto conocemos realmente a quienes viven a nuestro lado.
Cuando pienso en aquellos primeros años en Sevilla, no recuerdo la radio como un lugar en el que unas personas enseñaban a otras cómo debían integrarse. Recuerdo llamadas, música, actividades, conversaciones, comida compartida y personas de distintos lugares encontrándose.
Tal vez veinte años después siga encontrando ahí una de las mejores respuestas a aquella palabra que llevaba la emisora en su nombre.
Integrarse también puede ser eso: construir un espacio común sin pedirle a nadie que deje su historia en la puerta.
Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.
Un fuerte abrazo,
María Piña
Periodista, escritora y conferenciante. Fundadora y presidenta del Ecosistema Mujer y Poder e impulsora de proyectos para la visibilidad y el liderazgo de las mujeres migrantes.





Mujer y Poder se suma a IberoMujer 2026 como Media Partner para impulsar la visibilidad del liderazgo femenino





