
Madre migrante: criar hijos desde la distancia y la experiencia migratoria
María Piña
Ser madre en migración implica habitar varios tiempos a la vez. El de los lugares donde están las hijas y los hijos, y el del país donde se trabaja y se reorganiza la vida cotidiana. Entre ambos, se aprende a criar desde otros recursos: la palabra, la escucha atenta y una presencia que no siempre es física, aunque sí constante en la intención.
Muchas mujeres migrantes organizan su día a día entre rutinas laborales exigentes y vínculos familiares que se desarrollan a distancia. En ese cruce, la experiencia de la maternidad adquiere formas complejas que no suelen encajar en los relatos habituales. No siempre hay fotografías compartidas en la mesa ni celebraciones simultáneas. A veces lo que hay es un intento consciente de acompañar a través de una pantalla, de estar disponibles desde lejos, de no perder el hilo de la vida de quienes quedaron al cuidado de otras personas.
Este domingo, mientras en varios países se reúnen familias para celebrar, otras mujeres miran el reloj para calcular la mejor hora para llamar. Ensayan una conversación tranquila, buscan un gesto que atraviese la pantalla, preparan una sonrisa que camine kilómetros. No se trata de una nostalgia permanentemente triste, sino de una manera distinta de estar presentes.
Criar desde la distancia requiere una atención particular. Supone aprender a escuchar lo que no se dice, interpretar silencios, acompañar decisiones sin compartir el mismo espacio. Supone también confiar en redes familiares y comunitarias que cuidan en ausencia y aceptar que el tiempo compartido se organiza de otra manera. No es una fórmula ideal ni una experiencia uniforme, es una realidad marcada por decisiones difíciles y adaptaciones constantes.
La maternidad migrante adopta múltiples formas. Existen mujeres que migran con sus hijas e hijos, otras que los reencuentran tras largos periodos, otras que permanecen separadas durante años, otras que se convierten en referencia económica de hogares lejanos. Cada trayectoria es distinta y todas forman parte de una realidad que rara vez ocupa un lugar central en la conversación pública.
En contextos donde la maternidad suele presentarse como una vivencia cercana y continua, la experiencia migrante introduce otros matices. Aparecen la negociación permanente entre cuidado y trabajo, entre deseo y posibilidad, entre presencia y distancia. No se trata de establecer comparaciones jerárquicas, sino de reconocer que existen muchas maneras de criar y que todas ellas están atravesadas por circunstancias concretas.
Este Día de las Madres, celebrado en tantos países a la vez, ofrece la oportunidad de ampliar la mirada. De reconocer a las mujeres que crían desde una habitación compartida, desde un turno laboral partido, desde una ciudad que aún se está aprendiendo. Mujeres que mantienen el vínculo a través del recuerdo, de la palabra y de una constancia diaria que no siempre se ve.
La migración transforma muchas cosas, también la forma en que se vive la maternidad. Cambia los ritmos, altera los calendarios y obliga a inventar nuevas formas de cercanía. Se aprende a celebrar en otros días, a convertir el reencuentro en un momento cuidadosamente esperado, a construir intimidad con herramientas distintas. En ese proceso, el vínculo no desaparece; se reorganiza.
Reconocer estas experiencias no implica idealizarlas. Implica nombrarlas con honestidad, con todo lo que traen consigo: cansancio, responsabilidad, decisiones complejas y también orgullo por el camino recorrido. Implica aceptar que la distancia no borra el vínculo, aunque sí lo somete a tensiones que merecen ser reconocidas.
Este espacio quiere abrirse para escribirlas sin reducirlas a una sola historia. Para que encuentren palabras que no juzguen ni simplifiquen, sino que acompañen desde la comprensión.
A las madres migrantes que hoy residen en España y que celebran este Día de las Madres en la distancia, va este mensaje. Que este 10 de mayo llegue con tiempo para respirar, con palabras que abracen aun desde lejos y con el reconocimiento que merecen vuestras trayectorias. Vuestras formas de criar también cuentan la historia del mundo que compartimos.
Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje....
Un fuerte abrazo,
María Piña
Periodista y creadora de las Jornadas Mujeres Migrantes


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Aquí comienza un espacio que no viene a dar respuestas, sino a poner palabras a lo que muchas veces vivimos en silencio
Inauguramos este espacio con un texto que no es un artículo más, sino el inicio de una mirada.
Lo que nadie nos cuenta nace como una sección fija dentro de Mujer y Poder, donde cada mes nos detendremos a reflexionar sobre aquello que, aunque forma parte de la vida de todos, rara vez se nombra en voz alta.



