Maternidades migrantes en España: identidad, cuidado y experiencia de ser madre lejos

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.... Hoy es el Día de la Madre en España. Un día que habla de vida, de cuidado y de amor que se repite cada día, incluso cuando no se ve. También es una oportunidad para mirar de frente a muchas mujeres que, lejos de su lugar de origen, han hecho de esta tierra un espacio donde criar, educar y amar. Mujeres migrantes que somos madres aquí. Que vivimos la maternidad en España, con todo lo que eso implica.
Mujer Migrante03/05/2026María PiñaMaría Piña

Mujer migrante más allá del viaje
Mujer migrante más allá del viaje
Las maternidades migrantes en España reflejan una forma de vivir el cuidado y la identidad que se construye entre dos contextos.

Llegué a España hace más de veinte años por amor. No vine siguiendo un plan trazado ni una promesa de futuro. Vine por una relación que me trajo hasta aquí y que, con el tiempo, se convirtió en una vida entera. Me casé, formé una familia y tuve a mis dos hijos en este país.

Recuerdo la primera fiebre de mi hijo, aquella madrugada intentando bajarla, caminando por la casa en silencio, con el corazón en vilo y el teléfono en la mano. Recuerdo llamar a mi madre desde la distancia para preguntarle lo mismo que tantas hijas han preguntado antes: qué hacer, cómo calmar, cómo acompañar.
Porque, aunque seamos adultas, aunque seamos madres, hay momentos en los que echamos de menos a la nuestra más que nunca. Especialmente cuando está al otro lado.

También recuerdo el parto, rodeada del amor de la familia que había construido aquí. Y, aun así, en ese instante tan único y profundo, desear con toda el alma que mi madre estuviera a mi lado. No por falta de cariño alrededor, sino porque hay presencias que no se sustituyen.

Mi historia no es excepcional. Es, probablemente, la más común del mundo. No todas las mujeres migrantes tienen la posibilidad de tener a su madre cerca cuando les toca serlo a ellas. Y eso marca.

Ser madre migrante no es una categoría teórica. Es una experiencia vivida, hecha de escenas reconocibles. Es acompañar a tus hijos al colegio con un acento aprendido de adulta. Es enseñarles de dónde vienes mientras ellos crecen sintiéndose de aquí. Es aprender nuevas formas de relacionarte con la escuela, con la sanidad y con la comunidad, al mismo tiempo que transmites valores, raíces y sentido de pertenencia.

Migrar es un viaje. Un viaje físico, emocional y vital. Pero la maternidad es otro viaje aún más desconocido. Un recorrido sin mapas ni certezas, que cuando se vive lejos del lugar de origen se multiplica en aprendizajes, preguntas y renuncias. En Mujer migrante, más allá del viaje hablo de ese tránsito que no termina al llegar a un país, porque hay viajes que comienzan después: el de ser maddre en otra tierra, el de criar entre culturas, el de aprender a echar raíces mientras se sigue caminando.

Muchas mujeres migrantes no solo trabajamos en España. Somos madres en España. Damos a luz en sus hospitales, criamos en sus barrios, participamos en su vida social. Nuestros hijos juegan en sus parques, estudian en sus centros educativos y construyen su identidad en esta realidad compartida. Nuestra maternidad también forma parte del presente y del futuro de este país, aunque no siempre se nombre.

Pero no todas las maternidades migrantes se viven del mismo modo. Hay mujeres que ejercen la maternidad desde la distancia. Madres que dejaron a sus hijos en sus países de origen porque la vida no les permitió traerlos consigo. Mujeres que trabajan aquí mientras envían dinero allí, atravesadas por la espera, la añoranza y el deseo profundo del reencuentro.

Mujer migrante más allá del viajeSer mujer migrante: identidad y pertenencia entre dos realidades

Hay también madres a las que les toca hacerlo solas. Mujeres que, por distintas circunstancias, crían sin una pareja al lado, tomando decisiones importantes en soledad, conciliando como pueden, sacando fuerzas de donde a veces parece que no las hay. La maternidad en solitario, cuando además se vive lejos del país de origen, añade capas de esfuerzo, responsabilidad y coraje que pocas veces se ven.

Y están las madres que logran traer a sus hijos. Ahí comienza otro recorrido exigente: la escolarización, la adaptación, el aprendizaje de una lengua, de códigos sociales, de costumbres nuevas. Muchas veces aparece también la mirada ajena. Porque la palabra “migrante” sigue cargada de prejuicios que pesan, especialmente, en las aulas. Detrás de cada niño o niña hay una madre que acompaña, explica, defiende y lucha para que su hijo sea aceptado y reconocido.

Hay una realidad menos visible que también forma parte de este relato. Mujeres migrantes que cuidan y crían a los hijos de otras familias mientras sueñan con poder abrazar a los suyos. Mujeres que entregan un amor filial, incondicional y único a niños que no parieron, mientras mantienen viva la esperanza de reunirse algún día con los propios. Una maternidad que se ejerce desde el cuidado diario, desde la entrega constante, desde vínculos que se construyen más allá de la sangre.

Y existe otra maternidad aún más extrema, que no puede quedar fuera de esta mirada. La de las mujeres que dan a luz en medio del océano, en rutas migratorias marcadas por el miedo y la incertidumbre. Madres que se juegan su vida y la de sus hijos o hijas por la posibilidad de un futuro mejor. Esa maternidad, atravesada por la urgencia y la supervivencia, habla también de amor, de coraje y de una determinación que no debería ser necesaria, pero que existe.

Hablar de madres migrantes no es hablar de un colectivo ajeno. Es hablar de mujeres que forman parte de la vida comunitaria, educativa y social. Es reconocer que la maternidad no entiende de fronteras, pero sí de contextos. Y que muchas la ejercemos aquí con responsabilidad, compromiso y una enorme capacidad de adaptación.

No se trata de idealizar ni de ocultar las dificultades. Se trata de nombrar. De reconocer que las mujeres migrantes que somos madres formamos parte del tejido humano que da forma a esta sociedad. Que nuestra experiencia amplía el significado de lo que hoy entendemos por maternidad.

Porque no hay nada más grande en el mundo que dar vida. Y hacerlo con amor, valentía y dignidad.

¡Feliz Día de la Madre!
A todas. Sin excepciones.

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.

Un fuerte abrazo,

María Piña
Periodista y creadora de las Jornadas Mujeres Migrantes

 

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