Racismo y mujer migrante: nombrar para sanar y transformar la realidad

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.... hoy vengo  a hablar  de racismo porque nuestra dignidad no es negociable.
Cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Para muchas mujeres migrantes no es una fecha simbólica: es memoria viva. Es la puerta que no se abrió, la entrevista que nunca llegó, la mirada que pesa, el comentario “inocente” que hiere. Hoy quiero hablar de eso con claridad y esperanza. Porque nombrar el racismo no lo multiplica; lo desarma. Y porque así pasamos de la herida al derecho, y del derecho a la vida vivida.
Mujer Migrante22/03/2026María PiñaMaría Piña

El racismo forma parte de la experiencia de muchas mujeres migrantes, y nombrarlo es el primer paso para visibilizarlo, comprenderlo y transformarlo.

 

En España, los datos confirman lo que muchas ya conocen en la piel. El Ministerio de Igualdad publicó en 2025 el estudio *El impacto del racismo en España*, que evidencia un aumento en la percepción de discriminación por origen racial o étnico respecto a 2020. Esta discriminación se manifiesta en el empleo, la vivienda, la educación, la sanidad y los espacios públicos, con especial impacto en mujeres y juventud racializada. No son casos aislados: es estructura.

Los delitos e incidentes de odio registrados por Interior en 2024 descendieron en conjunto, pero el racismo y la xenofobia siguieron siendo el motivo más numeroso, con casi la mitad de los casos. Las tipologías van desde lesiones y amenazas hasta trato degradante y promoción de la discriminación. Que bajen las cifras no significa que baje el daño: la infradenuncia y el miedo persisten.

El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia ha intensificado la monitorización del discurso de odio en redes y la coordinación institucional; además, las víctimas disponen del servicio 021 para orientación y denuncia antirracista a través de la red de oficinas del CEDRE. El pasado 19 de marzo, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y la directora general para la Igualdad de Trato y No Discriminación y contra el Racismo, Beatriz Carrillo, presentaron la campaña institucional “El racismo se acaba cuando actuamos”, con un mensaje claro: identificar, aislar y denunciar prácticas racistas —también en redes—, reforzando la atención a víctimas y las herramientas públicas de seguimiento del odio online.

Más allá del viajeMujer migrante y cuidados: cuidar a otros también implica ser cuidada

Quiero traer, además, una discusión que me toca por biografía y conciencia: Panamá, el país donde crecí. En el arranque del curso 2026, organizaciones afropanameñas denunciaron que algunas escuelas condicionaban la matrícula o el ingreso de estudiantes con cabello afro, incluso pidiendo un “certificado de afrodescendencia” para permitir peinados naturales, trenzas o estilos protectores. El Ministerio de Educación aclaró que esa exigencia no existe y recordó el Resuelto 887 (23/03/2023), que prohíbe la discriminación étnico‑cultural en centros públicos y privados. La sociedad civil lanzó la campaña “Mi cabello afro no se certifica”. No es estética: es identidad y dignidad.

Me aferro a una frase que ilumina el rumbo:

“El viejo veneno del racismo sigue vivo y plenamente activo en todas las comunidades, las sociedades, los países y las regiones del mundo… El antídoto es la unidad y la acción”. — António Guterres, Secretario General de la ONU.

Unidad y acción. Unidad para que ninguna camine sola. Acción para que las promesas bajen al suelo: políticas claras de no discriminación en empleo y vivienda; itinerarios de denuncia accesibles y con intérpretes; formación obligatoria en administraciones y empresas; inspecciones reales; datos públicos que permitan seguimiento; reparación cuando hay daño. En el aula, en el centro de salud, en la oficina, en la comisaría y en la pantalla.

También hay una parte íntima. El racismo a veces entra como duda: ¿será cosa mía?. Tu experiencia importa. Lo que sientes es dato. Por eso, además de exigir políticas, necesitamos cuidado comunitario: redes de acompañamiento psicológico y legal, grupos vecinales y asociaciones que sepan derivar, círculos de escucha donde la palabra vuelva a su sitio.

Te propongo un gesto para esta semana: escribe tres cosas. Una situación que no piensas normalizar; una puerta que se abrió gracias a una persona o institución aliada; una acción que te comprometes a impulsar —en tu trabajo, en tu barrio, en tu familia— para que nadie viva lo que tú viviste. Si quieres compartirlo, este espacio está abierto. Lo que una escribe puede ser la linterna de otra.

No estamos empezando de cero. CEDRE y su red de oficinas atienden a víctimas y operan con el 021; OBERAXE coordina y mide; Interior publica informes; la UE refuerza su estrategia antirracista; la sociedad civil empuja con campañas y servicios. Falta camino, sí, pero hay herramientas y hay gente comprometida.

El racismo no se desmonta con discurso vacío. Se desmonta con normas, recursos, seguimiento y cultura. Se desmonta cuando una mujer migrante deja de pedir permiso para existir y ocupa su lugar con dignidad. Se desmonta cuando un “no” injusto se convierte en un “sí” verificable. Unidad y acción. Me vas a encontrar.

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.... 

Un fuerte abrazo,
María Piña
Periodista y creadora de Jornadas Mujeres Migrantes

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