El voto de la mujer migrante en Andalucía: participar también es pertenecer

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Hoy, domingo 17 de mayo, Andalucía vota. Para muchas personas es una cita conocida, casi automática. Para otras, especialmente para quienes hemos llegado desde otro país, es un gesto que se ha ido incorporando poco a poco a nuestra vida. Votar no siempre se siente inmediato; a veces se aprende con el tiempo.
Mujer Migrante17/05/2026María PiñaMaría Piña

Mujer migrante más allá del viaje
Mujer migrante más allá del viaje
La participación política de la mujer migrante en Andalucía es también una forma de construir pertenencia.

Vivir en un territorio implica mucho más que residir en él. Significa trabajar, criar, establecer vínculos, entender códigos distintos y abrirse a una forma de vida que se va haciendo propia con los años. En ese proceso, la pertenencia no llega de golpe; se construye paso a paso.

Hoy, al abrirse los colegios electorales, muchas mujeres migrantes formamos parte activa de este día. En mi caso, además, lo hago desde una experiencia que quiero compartir. El diario Cordópolis me ha invitado a formar parte de un grupo de cinco personas que representamos a la sociedad cordobesa para interpelar directamente a los candidatos. Estar ahí no es solo una invitación puntual. Es una señal clara de algo más profundo: nuestra presencia en la conversación pública ha comenzado a ocupar un lugar que antes no teníamos.

Ese momento tiene un significado que trasciende lo personal. Supone ocupar un espacio que durante mucho tiempo no estuvo disponible. Supone ser reconocida como parte de una sociedad que escucha, pregunta y responde. Supone, en definitiva, estar.

El derecho al voto, en el caso de las mujeres migrantes nacionalizadas en España, marca un punto especialmente relevante. No es solo una posibilidad administrativa; es el reconocimiento pleno de ciudadanía. Es el momento en el que se pasa de observar a participar, de adaptarse a también influir en aquello que afecta a la vida cotidiana.

Cuando una mujer migrante adquiere la nacionalidad, su relación con el territorio cambia. Aparece el derecho a decidir junto a otras personas sobre lo común. Y con ese derecho llega también una responsabilidad: la de informarse, la de reflexionar y la de implicarse en los procesos que definen el presente y el futuro.

Votar, en ese sentido, no es un gesto aislado. Es una manera de situarse. De decir que la vida que se construye aquí también cuenta, también forma parte de lo que vendrá después. Es también una forma de asumir que la convivencia se construye entre todas las personas que habitan un mismo espacio.

Más allá del viajeMujer migrante y cuidados: cuidar a otros también implica ser cuidada

No todas las mujeres migrantes han alcanzado este derecho, y eso también forma parte de la realidad. Aun así, el contexto de hoy interpela a todas. Porque la participación no empieza ni termina en una urna. Se expresa en la conversación, en la forma de informarse, en la manera de mirar lo que ocurre alrededor.

La presencia de mujeres migrantes en procesos como este aún no ocupa el lugar que merece en el relato público. Y, sin embargo, estamos. En los trabajos, en las escuelas, en los barrios, en los cuidados, en la economía diaria. También en la ciudadanía. Esa realidad cotidiana va abriendo espacios que antes no existían, incluso cuando no se nombran de forma explícita.

Hoy, para quienes pueden votar, el gesto es sencillo y a la vez lleno de significado. No es solo introducir una papeleta. Es reconocerse como parte de una sociedad que también se construye con nuestras decisiones y donde cada voz contribuye a definir lo común.

En mi caso, haber tenido la oportunidad de interpelar a los candidatos confirma algo que llevo tiempo observando: la mirada migrante no es secundaria. Tiene criterio, tiene recorrido y aporta una forma de entender la realidad que enriquece la conversación pública.

Ese cambio no ocurre de un día para otro. Es el resultado de muchos pasos previos, de trayectorias personales y colectivas que van generando presencia y reconocimiento.

Y esto empieza a transformar la manera en que nos vemos y en que somos vistas.

A las mujeres migrantes que hoy ejercen su derecho al voto en Andalucía, este recordatorio: vuestra participación no es menor. Nombra, sitúa y forma parte de lo que somos.

Votar también es una forma de decir: estamos aquí y contamos.

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.

Un fuerte abrazo,
María Piña
Periodista y creadora de las Jornadas Mujeres Migrantes

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