
Queridas amigas, gracias por acompañarme un domingo más. Hoy quiero invitarte a detenerte en una experiencia que quizá reconozcas: vivir en un lugar que no siempre se nombra. No es el país que quedó atrás ni el que hoy habitamos, sino un espacio intermedio donde la identidad se va acomodando, la pertenencia se prueba con cuidado y la vida se construye sin atajos. Muchas mujeres migrantes viven ahí, no esperando llegar a otro sitio, sino aprendiendo a habitar ese entre con todo lo que despierta.






