
Brecha digital de género: el poder que aún se resiste
José Manuel Rosario
¿Puede una mujer dominar el teléfono, la administración electrónica y la formación online y, aun así, quedarse fuera de las salas donde se decide el futuro tecnológico? Los datos andaluces de 2025 responden que sí. El indicador que mide la brecha digital de género en la comunidad lo ha elaborado el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) y se publicó el 1 de octubre de 2026. Retrata a unas andaluzas plenamente conectadas, pero con una presencia todavía escasa allí donde la tecnología se diseña, se programa y se dirige.
La comunidad obtiene 61,3 puntos sobre 100. Supera con holgura a la Unión Europea, que se queda en 56,3, aunque no alcanza a España, con 65,4. Detrás de esa nota media se esconde una paradoja que recuerda a otras conquistas femeninas del pasado, como aquella red internacional de universitarias que en 1928 situó a España en el mapa del feminismo académico llegar a las aulas fue el primer paso; ocupar los espacios de decisión, el siguiente.
Usuarias aventajadas
El estudio sigue el método del Women in Digital Scoreboard 2024 de la Comisión Europea y combina 13 subindicadores en tres dimensiones. La primera, el uso de internet, es la más favorable: Andalucía logra 77,5 puntos, frente a 80,8 en España y 67,5 en Europa.
En algunos usos, las andaluzas van por delante:
- Conexión semanal: el 94,7 % se conecta cada semana, por el 94,1 % de los hombres.
- Administración electrónica: ocho de cada diez, el 82,7 %, resuelven sus gestiones por vía electrónica, frente al 78,0 % de ellos.
- Formación en línea: el 32,1 % aprende a través de cursos online, cuando entre los varones la cifra baja al 27,3 %.
Ciudadanía digital con voz propia
También participan más en la vida pública a través de la pantalla. El 14,8 % de las mujeres ha votado o tomado parte en consultas por internet, por el 13,4 % de los hombres. La ciudadanía digital tiene, cada vez más, rostro de mujer. Es el mismo fenómeno que aflora en terrenos aparentemente lúdicos, como la brecha de género en el gaming entre la Generación Z, donde el acceso no garantiza la igualdad.
El dinero, la frontera pendiente
Hay, sin embargo, un uso en el que ellas ceden terreno: la banca electrónica. La utiliza el 65,0 % de las mujeres, frente al 74,1 % de los hombres. Son 9,1 puntos de distancia en un ámbito que no es menor, porque el control de las finanzas, también en su versión digital, está estrechamente ligado a la autonomía económica.
Competencias: buena base, techo a la vista
En habilidades digitales, Andalucía suma 63,9 puntos, por debajo de España (67,2) y muy por encima de Europa (54,7). Entre quienes usan internet, el 64,3 % de las mujeres tiene al menos competencias básicas, frente al 60,7 % de los hombres. Además, el 72,2 % de ellas maneja con soltura programas informáticos elementales, por el 68,2 % de ellos.
El panorama cambia al mirar hacia arriba. Las competencias avanzadas, las que superan el nivel básico, las acredita el 33,2 % de las andaluzas y el 36,5 % de los andaluces. Es la primera señal de un techo de cristal digital: ellas dominan lo cotidiano, pero el salto a la especialización sigue costando más.
«La igualdad digital no se mide solo por quién usa la tecnología, sino por quién la crea y la dirige.»
Donde se decide el futuro, faltan mujeres
La tercera dimensión, dedicada a las competencias especializadas y al empleo en el sector TIC, es la gran asignatura pendiente. Andalucía obtiene 42,4 puntos, por debajo de España (48,2) y, en este caso, también de la Unión Europea (46,6).
Vocaciones STEM que no llegan
Por cada 1.000 mujeres de entre 20 y 29 años, solo 9,8 se gradúan en carreras STEM, es decir, de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Entre los hombres de esa edad son 23,1. La proporción es de más de dos a uno, y su efecto se nota años después en los equipos que diseñan aplicaciones, algoritmos o infraestructuras.
Un sector que sigue siendo masculino
El mercado laboral confirma la tendencia. Apenas el 1,5 % de las mujeres ocupadas trabaja como especialista en tecnologías de la información y la comunicación, frente al 5,4 % de los hombres. Por cada profesional TIC femenina hay más de tres masculinos.
La consecuencia va más allá del empleo. Si las mujeres no participan en la creación de la tecnología, sus necesidades, sus miradas y sus prioridades corren el riesgo de quedarse fuera de los productos y servicios que todos usamos a diario.
Del uso al liderazgo
El retrato que dibuja el IECA es, en el fondo, una invitación a dar el siguiente paso. Las andaluzas ya han demostrado que la tecnología no les es ajena: la usan, aprenden con ella y la ponen al servicio de su vida cotidiana y de su participación ciudadana.
Lo que falta es que esa soltura se convierta en poder: en títulos de ingeniería, en puestos técnicos, en direcciones de empresas tecnológicas. Fomentar las vocaciones desde la infancia, ofrecer referentes visibles y abrir caminos en el sector son tareas que no admiten espera. Porque el verdadero empoderamiento digital no llegará cuando todas estén conectadas, sino cuando también sean ellas quienes escriban el código del mañana.



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