
La cordobesa que comanda Marte: Mariló Torres, primera española al frente de una misión análoga internacional

Cuando Mariló Torres aterrizó en el desierto de Utah a finales de enero, sabía que no sería una expedición más. A sus espaldas acumulaba ya cinco misiones análogas, pero esta vez la barra de comandante lucía en su uniforme. Por primera vez, una española asumía el mando de una tripulación mixta e internacional en la Mars Desert Research Station (MDRS), la instalación privada más prestigiosa del mundo en simulación espacial, apadrinada por el hombre que pisó la Luna y el multimillonario que quiere llevar a la humanidad a Marte.
La Crew 328, formada por un ingeniero aeroespacial estadounidense, un profesor canadiense, una investigadora india y una astrobióloga brasileña, ha estado bajo su mando entre el 25 de enero y el 7 de febrero. Cinco personas, cuatro nacionalidades, un mismo objetivo: demostrar que la exploración espacial no entiende de géneros ni fronteras.
Liderar desde la escucha
Torres, nacida en Córdoba y forjada en las cabinas de los aviones, aplicó en Marte una máxima que debería enseñarse en todas las escuelas de negocio: "Para liderar, primero hay que servir". Durante catorce días gestionó turnos de sueño, medió en tensiones, repartió tareas y mantuvo la cohesión de un equipo sometido a aislamiento extremo, comunicaciones con veinte minutos de retraso y cero contacto con el exterior.
"No es cuestión de imponer, es de escuchar", explicó a su regreso. "En una misión así, el error no es una opción y cada decisión afecta a la seguridad de todos. Mi trabajo era crear un entorno donde cada miembro del equipo pudiera dar lo mejor de sí mismo". La NASA ha incluido los diarios de convivencia de la Crew 328 en un estudio global sobre estrategias de afrontamiento para misiones de larga duración. Sus conclusiones ayudarán a seleccionar a los astronautas que viajen a Marte.
Ciencia con acento femenino
Pero el liderazgo de Mariló no ha sido solo emocional. Ha sido científico. Bajo su coordinación, la tripulación ha cultivado semillas de tomate y rábano previamente expuestas a radiación y microgravedad en la Estación Espacial Internacional, plantándolas en un suelo químico que replica el regolito marciano. El objetivo: estudiar la viabilidad de la agricultura espacial, una tecnología crítica para la supervivencia humana fuera de la Tierra.
También han probado sobre su propia piel un fotoprotector diseñado para resistir la radiación cósmica, un problema aún no resuelto para las futuras misiones. Las mujeres, por su composición hormonal y menor grosor dérmico, son más vulnerables a ciertos tipos de radiación. Que una mujer comandara este ensayo no es casualidad: es perspectiva.
El poder de visibilizar
Aunque por la MDRS han pasado ya dos misiones Hypatia, formadas íntegramente por científicas españolas, ninguna mujer había ocupado el puesto de comandante en una dotación mixta. Torres ha roto esa barrera y lo hace, además, desde la esfera privada. No es astronauta de la NASA, ni lo será. Su camino es el de la nueva exploración espacial: el de las empresas comerciales.
En pocas semanas comenzará su formación teórica como candidata a astronauta privada para Titans Space Industries, compañía estadounidense que planea operar estaciones espaciales en órbita baja. Si supera el entrenamiento, se convertirá en una de las primeras españolas en volar al espacio de la mano de la iniciativa privada.
Mariló Torres encarna una nueva forma de poder: silencioso, competente, colectivo. No busca focos ni titulares, aunque los merece. Suya es la autoridad que nace del conocimiento, la que no necesita alzar la voz para que la escuchen. La misma que, desde Córdoba y pasando por Utah, la sitúa hoy como referente para las niñas que aún dudan si la ciencia, la tecnología o el espacio son cosa de ellas.
"No he llegado aquí porque sea mujer, sino a pesar de que durante mucho tiempo esto parecía reservado a los hombres. Pero ahora que estoy aquí, quiero que mi presencia signifique algo. Que otras vean que se puede", afirma.
Mariló Torres ya no simula: lidera. Y su próximo destino no es un desierto: es el espacio.


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