IDENTIDAD “QUEER” EN LA LITERATURA: LA MALA COSTUMBRE DE ALANA S.PORTERO

La literatura "queer" reivindica y visibiliza identidades, rompiendo silencios históricos. Una de sus obras más rompedoras actuales es La mala costumbre de Alana S. Portero. Esta novela narra con crudeza y poesía la infancia y adolescencia de una niña trans en el Madrid de los 80 y 90.
Literatura06/02/2026 Por Yolanda Martínez
L mala costumbre
La mala costumbre

El cine y la literatura han otorgado visibilidad y representación a  la identidad “queer”.  A lo largo del año 2025 se han estrenado multitud de títulos que abordan diversidad de historias de amor, activismo, temática LGTBIQ+, entre otros.  Películas como 20.000 especies de abejas, El caftán azul o Cambio de sexo, son una prolífica muestra de esta temática. 

Sin embargo, no solo el cine trabaja la diversidad y la inclusión. La literatura ha sido siempre una manera de mirar el mundo, de cuestionarnos, de reivindicación pero también de silencio, censura y miedo. El estigma  social creó un subtexto literario con una identidad cargada de metáforas y dobles lecturas. 

 Una de las novelas “queer” más rompedora y actual es La mala costumbre de Alana S. Portero. La novela nos sumerge en la vida de una niña trans que crece en el barrio madrileño de San Blas en la década de los 80-90. Narra de una manera cruda y poética la relación con su cuerpo, con la familia y con la sociedad. El título ya es una declaración de intenciones y la marginalidad y la violencia están presentes en el relato. 

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 En las primeras páginas de la obra, la autora escribe: “Yo, niña lista, marica encubierta, con un parche cubriéndome el ojo izquierdo y llevando unas gafas algo más grandes de los deseable (…)”.[1] La autoafirmación y el término insultante está interiorizado, representa la mirada social.  La necesidad de esconderse y la etiqueta  está latente con solo una palabra: ”encubierta”. La  prosopografía  no se queda ahí y transita en el dolor del autoconcepto siendo una metáfora de su identidad. 

            El capítulo Eugenia, es una muestra dura y tierna de la prostitución de la época:[2] “Eugenia, la Moraíta, empezaba sus jornada alrededor de los cines Luna al caer la tarde, allí sacaba el dinerito de la cena y un poco más haciendo pajas tristonas a viejos que pasaban por la plaza (…)”. Este capítulo es supervivencia, una realidad que encontrábamos en muchos barrios españoles en la década de los 90. Con un lenguaje visceral y cotidiano evita caer en la idealización, aquí no encontramos a una Julia Robert en Pretty woman. En esta historia conocemos una realidad, un cansancio, una necesidad con ese “dinerito para la cena”, una realidad incómoda pero necesaria de contar. 

            No cabe duda de que la literatura queer es un acto de reivindicación  necesario. Obras muy recomendadas como Una luz tímida, Tesis sobre una domesticación, Lo que pasó, El lugar sin límites también representan una puerta a nuevas formas de entender la identidad, el deseo y la libertad y son una apuesta perfecta para cualquier lector. 


 

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