
El liderazgo de las mujeres migrantes: avanzar con dignidad aunque el mundo no esté listo
María Piña
Marzo comienza recordándonos una verdad que, aunque debería ser cotidiana, a menudo necesita un altavoz: sin las mujeres, el mundo simplemente no funciona. Y dentro de esa gran verdad, hay otra aún más silenciada: sin las mujeres migrantes, mucho menos.
En este mes en el que nos preparamos para conmemorar el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, me parece imprescindible poner el foco en nosotras: en esas historias que cruzan mares, fronteras y miedos, y que aun así siguen construyendo vida.
Porque sí: el mundo habla de igualdad, pero aún no está completamente listo para reconocer el liderazgo que las mujeres migrantes ejercemos cada día. Ese liderazgo que no aparece en pancartas ni en informes internacionales, pero que sostiene barrios enteros, hogares aquí y hogares allá, proyectos que nacen del coraje y vínculos que resisten la distancia.
A las mujeres migrantes se nos ha pedido siempre “ser fuertes”.
Ser fuertes para empezar desde cero.
Ser fuertes para aceptar trabajos que no reflejan nuestras capacidades ni nuestros sueños.
Ser fuertes para criar lejos de la familia.
Ser fuertes para enfrentarnos a prejuicios, trámites, barreras invisibles y visibles.
Ser fuertes… pero en silencio.
Y aun así, seguimos.
Seguimos avanzando con una dignidad que rara vez se nombra como merece: liderazgo.
Sí, liderazgo.
Esa palabra que se suele reservar para quienes ocupan altos cargos, para quienes llevan trajes formales o para quienes hablan desde escenarios iluminados. Pero las mujeres migrantes ejercemos otro tipo de liderazgo: uno que nace de volver a comenzar, de sostener a otras, de no rendirse, de crear oportunidades donde parecía que no las había.
El liderazgo migrante es distinto.
Es un liderazgo que no grita, pero transforma.
Que no presume, pero sostiene.
Que no aparece en los titulares, pero cambia vidas.
Somos líderes cuando cruzamos fronteras sin perder la esperanza.
Somos líderes cuando reinventamos nuestra profesión en un idioma nuevo.
Somos líderes cuando sacamos adelante a nuestras familias aquí y allá.
Somos líderes cuando acompañamos a otra mujer que acaba de llegar, cuando explicamos un trámite, cuando prestamos un hombro, cuando compartimos lo aprendido con dolor para que a otra le duela menos.
Somos líderes cuando creamos comunidad, redes, proyectos, resistencia.
Porque liderar no es solo estar al frente.
Liderar también es mantenerse de pie, incluso cuando el mundo no está listo para reconocernos.
Demasiadas veces se piensa en nosotras desde el déficit: “les falta”, “no pueden”, “dependen”.
Pero quienes nos conocen de verdad saben que donde llegamos, creamos.
Creamos trabajo, cultura, ideas, afectos, soluciones.
Creamos país.
Y ese es el mensaje que quiero dejarte hoy:
Tu historia no es solo de supervivencia.
Tu historia es de liderazgo.
Cada decisión difícil que has tomado.
Cada paso que has dado sin garantías.
Cada sueño que has sostenido cuando todos te decían que era imposible.
Cada llamada a casa que te rompió un poco, pero aun así seguiste.
Cada frontera interna o externa que atravesaste.
Todo eso habla de tu capacidad de liderar tu vida y la vida de quienes dependen de ti.
Quizá no te lo hayan reconocido todavía.
Quizá nadie te lo haya dicho en voz alta.
Pero aquí estás, avanzando.
Y eso es liderazgo en su estado más puro.
Ojalá el mundo pronto entienda lo que ya sabemos nosotras:
que cuando una mujer migrante lidera, no lidera solo para ella.
Abre puertas para todas.
Ensancha caminos.
Crea futuro.
Gracias por acompañarme durante todo este mes de febrero.
Gracias por sostener, por resistir, por seguir creciendo.
Y gracias —sobre todo— por liderar, incluso sin saberlo.
Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.
Un fuerte abrazo.
Un fuerte abrazo,
Periodista y creadora de las Jornadas Mujeres Migrantes.



El duelo migratorio: nombrar lo que duele para abrir espacio a lo que sana

Economía desde la vida real: sobrevivir, prosperar y sostener a otros







