
Las redes que nos sostienen son amigas, comadres y comunidades que salvan vidas
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más. Hoy quiero hablar de esas redes invisibles que hacen que la vida en un país nuevo sea un poco más posible.


Queridas amigas, gracias por encontrarnos otro domingo. Hoy quiero hablar de algo que conocemos demasiado bien: la economía de la vida real, la nuestra, la que sostiene a tantas personas a costa de nuestro propio cansancio.
Mujer Migrante15/02/2026
María Piña
La economía tiene cifras, gráficos y discursos oficiales.
Pero la economía real —la que nosotras vivimos— tiene rostros, cansancio y manos que no se detienen.
La mujer migrante trabaja mientras piensa.
Piensa mientras cuida.
Cuida mientras sueña.
Sueña mientras sostiene a otros.
Somos parte de una economía que casi nunca nos nombra, pero sin nosotras no funciona.
Limpiamos hogares que no son los nuestros.
Cuidamos hijos que no son los nuestros.
Acompañamos ancianos que no son los nuestros.
Y aun así, con lo que ganamos, sostenemos familias que sí son nuestras —a veces aquí, a veces lejos.
A nosotras no nos enseñaron a llamarlo “economía del cuidado”.
Lo aprendimos haciéndolo.
Y es hora de reconocer que lo que hacemos tiene valor.
No solo emocional: valor económico real.
Cada euro que enviamos en remesas, cada trabajo que asumimos, cada emprendimiento que empezamos a pesar del miedo, cada turno doble que hacemos… todo eso forma parte de un engranaje que mueve países, no solo hogares.
Pero también sabemos lo que es la precariedad.
Sabemos lo que es no tener contrato, no tener estabilidad, no tener un horario fijo.
Sabemos lo que es aceptar lo que hay porque necesitamos avanzar.
Y aun así, seguimos soñando con una vida en la que trabajar no signifique agotarnos hasta rompernos.
La economía real de la mujer migrante es esta:
hacer malabares con los ingresos, con el tiempo, con la energía, con la esperanza.
Y aun así, seguir adelante.
Hoy quiero recordarte algo:
Tu trabajo tiene valor. Tu esfuerzo tiene valor. Tu camino tiene valor.
No te midas solo por lo que ganas; mídete por lo que has construido.
Por lo que sostienes.
Por lo que transformas.
Ojalá el mundo nos reconociera como merece.
Hasta que eso llegue, nos reconocemos nosotras:
con palabras, con redes, con comunidad.
Gracias por seguir aquí, por seguir resistiendo, por seguir soñando.
Nos leemos el próximo domingo en Mujer Migrante —Más allá del viaje.
Un fuerte abrazo,
Periodista y creadora de Jornadas Mujeres Migrantes.

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más. Hoy quiero hablar de esas redes invisibles que hacen que la vida en un país nuevo sea un poco más posible.

Queridas amigas, un domingo más llegamos a este espacio que estamos tejiendo juntas. Un lugar para respirar, para sentirnos acompañadas y para recordar que, aunque nuestros caminos sean distintos, compartimos la misma fuerza de seguir adelante. Gracias por estar aquí, por abrir este mensaje y por regalarte unos minutos para ti. Hoy venimos a hablar de algo profundo, suave y necesario: el arraigo emocional, ese paso silencioso con el que empezamos a florecer en una tierra nueva.

Llegamos lejos sin hacer ruido. Hoy, decidimos nombrarnos en voz alta: esta es la historia de una mujer migrante que se reconoce y empieza a florecer. Porque más allá del viaje hacia otra tierra, llevamos una maleta cargada de sueños, ilusiones y sacrificios. Cada paso es un acto de valentía, cada frontera, una oportunidad para reinventarnos. Bienvenida a "Más allá del viaje" tu columna dominical.

Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más. Hoy quiero hablar de esas redes invisibles que hacen que la vida en un país nuevo sea un poco más posible.

Queridas amigas, gracias por encontrarnos otro domingo. Hoy quiero hablar de algo que conocemos demasiado bien: la economía de la vida real, la nuestra, la que sostiene a tantas personas a costa de nuestro propio cansancio.


¿Puede la memoria construirse con recortes? La malagueña Clara Belén Gómez convierte fragmentos de papel y píxeles en un emocionante viaje visual en el Museo Mayte Spínola. No te pierdas 'Mapa de lo que queda', la exposición que reconstruye la identidad a través del collage híbrido.