
Mujer migrante y economía: sobrevivir, sostener y prosperar en la vida real
María Piña
Somos parte de una economía que casi nunca nos nombra, pero sin nosotras no funciona.
Limpiamos hogares que no son los nuestros.
Cuidamos hijos que no son los nuestros.
Acompañamos ancianos que no son los nuestros.
Y aun así, con lo que ganamos, sostenemos familias que sí son nuestras —a veces aquí, a veces lejos.
A nosotras no nos enseñaron a llamarlo “economía del cuidado”.
Lo aprendimos haciéndolo.
Y es hora de reconocer que lo que hacemos tiene valor.
No solo emocional: valor económico real.
Cada euro que enviamos en remesas, cada trabajo que asumimos, cada emprendimiento que empezamos a pesar del miedo, cada turno doble que hacemos… todo eso forma parte de un engranaje que mueve países, no solo hogares.
Pero también sabemos lo que es la precariedad.
Sabemos lo que es no tener contrato, no tener estabilidad, no tener un horario fijo.
Sabemos lo que es aceptar lo que hay porque necesitamos avanzar.
Y aun así, seguimos soñando con una vida en la que trabajar no signifique agotarnos hasta rompernos.
La economía real de la mujer migrante es esta:
hacer malabares con los ingresos, con el tiempo, con la energía, con la esperanza.
Y aun así, seguir adelante.
Hoy quiero recordarte algo:
Tu trabajo tiene valor. Tu esfuerzo tiene valor. Tu camino tiene valor.
No te midas solo por lo que ganas; mídete por lo que has construido.
Por lo que sostienes.
Por lo que transformas.
Ojalá el mundo nos reconociera como merece.
Hasta que eso llegue, nos reconocemos nosotras:
con palabras, con redes, con comunidad.
Gracias por seguir aquí, por seguir resistiendo, por seguir soñando.
Nos leemos el próximo domingo en Mujer Migrante —Más allá del viaje.
Un fuerte abrazo,
Periodista y creadora de Jornadas Mujeres Migrantes.





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