Aceptar no es resignarse; es reconocer lo que ocurrió sin adornos ni tampoco dramatismos. Es dejar de pelear con la realidad para poder sentir lo que está ahí, sin necesidad de etiquetarlo.
Gracias por estar aquí un domingo más. La semana pasada os hablaba de las palabras que vamos incorporando cuando vivimos entre distintos países y culturas, y de cómo llega un momento en que todas terminan formando parte de nuestra manera de hablar. Esta semana me he quedado pensando en otra cosa que también viaja con nosotras: los objetos.
Hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, queremos detenernos en algo que parece sencillo y no siempre lo es: escuchar. Escuchar sin juzgar, sin apresurarnos a responder, sin convertir la experiencia de otra persona en un consejo rápido o en una historia ajena. Porque hablar de salud mental también exige revisar cómo acompañamos.
Queridas amigas, gracias por estar aquí un domingo más.
Las mujeres migrantes afrontamos pérdidas, separaciones, incertidumbres y responsabilidades que no siempre podemos detenernos a procesar. Sentir tristeza, miedo o cansancio no significa padecer una enfermedad mental, pero aquello que callamos y acumulamos también necesita un espacio para ser reconocido y cuidado.