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title: "Nuestros muertos también se quedaron al otro lado"
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description: "Migrar también cambia nuestra forma de recordar a quienes ya no están. Una reflexión sobre distancia, memoria, pertenencia y nuestros muertos."
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  - "fieles difuntos"
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  - "memoria"
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  - "todos los Santos"
author_name: "María Piña"
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author_bio: "Periodista, escritora y speaker en empoderamiento femenino. Autora de La  voz que no nos enseñaron microcolunma sobre comunicación consciente."
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# Nuestros muertos también se quedaron al otro lado

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*Mujer migrante más allá del viaje*

Hoy, 1 de noviembre, mientras en España muchas familias visitan los cementerios en torno a la celebración de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, he pensado en nuestros muertos.

En los de quienes un día hicimos una maleta y nos fuimos a vivir lejos.

Porque cuando hablamos de migrar pensamos en las personas que dejamos atrás. En la familia, las amistades, los afectos que aprendemos a sostener mediante llamadas, mensajes, fotografías y viajes cuando podemos permitírnoslos.

Pero hay otra distancia de la que hablamos bastante menos.

La que existe con quienes ya no podemos llamar.

Nuestros muertos también forman parte de la geografía que dejamos atrás.

Algunos descansan en cementerios a miles de kilómetros de donde vivimos. Lugares que quizá conocíamos bien y que ahora podemos pasar años sin visitar.

Y entonces llegan días como estos.

Vemos flores. Familias que caminan juntas hacia un cementerio. Personas limpiando una lápida, colocando un ramo o deteniéndose durante unos minutos delante de un nombre.

Y la memoria hace su propio viaje.

Hay algo en lo que pienso cuando llegan estas fechas. A veces una quisiera hacer algo tan sencillo como acercarse a una tumba, llevar unas flores o quedarse allí unos minutos, sin decir nada. Pero cuando nuestros muertos descansan al otro lado del océano, hasta ese pequeño gesto puede resultar imposible.

Y no es que los recordemos menos. Es que hay momentos en los que también nos gustaría estar físicamente cerca de ellos, aunque sepamos que ya no están.

No hace falta estar delante de una tumba para recordar.

A veces basta una comida.

Una canción.

Una frase que alguien de la familia sigue diciendo exactamente igual.

Una fotografía que aparece de repente.

Una historia que contamos tantas veces que quienes nacieron después sienten que también conocieron a aquella persona.

Quizá una de las cosas que aprendemos cuando vivimos lejos es precisamente esa: también podemos construir nuestros propios rituales para recordar.

**Migrar también significa aprender a recordar lejos.**

No siempre podemos llevar flores.

No siempre podemos acudir al camposanto.

No siempre estamos presentes en los aniversarios ni en esas fechas que reúnen a la familia alrededor de una ausencia.

Pero encontramos otras maneras.

Los nombramos, contamos sus historias, cocinamos aquellos platos que nos recuerdan a ellos, miramos fotografías o encendemos una vela. A veces también llamamos a casa para compartir un recuerdo. Y, sí, de alguna forma, volvemos.

En República Dominicana, como en España, estos días también llevan a muchas familias a los cementerios para recordar a quienes han partido. Cada país, cada familia e incluso cada persona tiene sus propias maneras de relacionarse con la muerte y con la memoria.

Quienes vivimos entre lugares terminamos aprendiendo también a habitar esas diferencias.

Porque migrar no significa olvidar de dónde venimos.

Y tampoco significa dejar atrás a quienes forman parte de nuestra historia simplemente porque ya no estén físicamente.

Quizá por eso algunos recuerdos adquieren todavía más fuerza cuando estamos fuera.

Guardamos fotografías, conservamos en la memoria las voces de quienes ya no están y repetimos historias familiares para que sus nombres no se pierdan.

Y hacemos algo que me parece especialmente importante: contamos a quienes vienen después quiénes fueron aquellos que estuvieron antes.

Ahí la memoria deja de ser únicamente nostalgia para convertirse también en pertenencia.

Porque somos, en parte, las historias que heredamos, lo que nos enseñaron quienes estuvieron antes y esas palabras o gestos que un día descubrimos en nosotras mismas y que nos recuerdan inevitablemente a alguien.

Hoy no quiero hablar de la muerte desde la tristeza.

Quiero hablar de la memoria.

De esa capacidad que tenemos para seguir haciendo sitio en nuestra vida a quienes ya no pueden acompañarnos físicamente.

Tal vez por eso, mientras tantas personas llevan hoy flores a un cementerio, pienso en quienes tenemos familiares enterrados lejos.

Y pienso que también nosotros hemos encontrado maneras de acercarnos.

Porque hay distancias que se miden en kilómetros.

**Y otras que aprendemos a atravesar con la memoria.**

Nos encontramos en la próxima entrega de *[Mujer migrante: Más allá del viaje](https://www.mujermigrante.es)*.

Un fuerte abrazo,

**[María Piña](https://www.mariapina.es)**

Periodista, escritora y conferenciante. Fundadora y presidenta del Ecosistema Mujer y Poder e impulsora de proyectos para la visibilidad y el liderazgo de las mujeres migrantes.

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