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title: "La salud mental también viaja en la maleta"
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description: "Las pérdidas, la distancia y la obligación de seguir adelante también afectan al bienestar emocional de las mujeres migrantes."
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date_published: "2026-10-10T23:49:00+02:00"
date_modified: "2026-10-11T10:14:59+02:00"
tags:
  - "bienestar emocional"
  - "duelos"
  - "experiencia migratoria"
  - "mas alla del viaje"
  - "muejres migrantes"
  - "salud mental"
author_name: "María Piña"
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author_bio: "Periodista, escritora y speaker en empoderamiento femenino. Autora de La  voz que no nos enseñaron microcolunma sobre comunicación consciente."
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# La salud mental también viaja en la maleta

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*Mujer migrante más allá del viaje*

Ayer, 10 de octubre, se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental. Durante esta semana he escrito varios artículos sobre la salud mental de las mujeres y sobre los factores externos que también condicionan nuestro bienestar. He reflexionado especialmente sobre el papel de los medios de comunicación y sobre la responsabilidad que tenemos al elegir las palabras con las que hablamos de ella.

Mientras escribía, pensé en todas las situaciones que pueden hacer flaquear el bienestar emocional de las mujeres migrantes. Escucho historias muy distintas, algunas compartidas en confianza, y sentí la necesidad de detenerme hoy a hablaros de esa parte del viaje que casi nunca se ve.

Porque cuando una mujer migra prepara una maleta que los demás pueden ver. Guarda documentos, ropa, fotografías y algún objeto que le recuerda quién es y de dónde viene. Calcula cuánto puede llevar y cuánto tendrá que dejar atrás.

Pero existe otra maleta que no se factura ni pasa por ningún control fronterizo. En ella viajan las despedidas, el miedo a equivocarse, la preocupación por quienes quedaron lejos, la pérdida de las redes cotidianas y el esfuerzo de comenzar otra vez.

## Ser alegre no impide estar atravesando un duelo. Ser agradecida no obliga a negar el cansancio. Ser fuerte no significa poder con todo.

No todo lo que llevamos en esa maleta es una enfermedad. La tristeza ante una pérdida, la incertidumbre durante un cambio o la nostalgia por lo que dejamos atrás son respuestas humanas. El problema aparece cuando las situaciones se acumulan, el dolor se prolonga y no encontramos tiempo, apoyo o condiciones para hablar de lo que nos sucede y afrontarlo.

Hace unos días, una amiga que acaba de perder repentinamente a su hermana me dijo: «No sé qué me pasa, tengo muchos altibajos». Ella es una mujer alegre, sonriente y agradecida, acostumbrada a atender a los demás y a mostrar siempre su mejor cara.

Le respondí: «Cariño, lo que te ha pasado es muy duro. Todavía tienes que atravesar el duelo».

Cada día abre su negocio y atiende al público. Sonríe, conversa y continúa trabajando. Sin embargo, entre una clienta y otra, entra al baño, se seca las lágrimas y vuelve a salir con una sonrisa.

Esa imagen se me ha quedado dentro. Porque también eso forma parte de la salud mental: intentar sostener la vida cotidiana mientras por dentro algo se ha roto. Y habla de una exigencia que muchas mujeres conocemos bien: parecer fuertes, cumplir, cuidar y continuar incluso cuando necesitaríamos detenernos.

¿Quién cuenta nuestras historias?

¿Cuántas mujeres migrantes estarán viviendo algo parecido sin decirlo?

A veces no hablamos porque tememos parecer débiles. Otras veces sentimos que reconocer nuestro cansancio equivale a fallarles a quienes confían en nosotras. Muchas familias nos ven como la persona que salió adelante, la que ayuda, resuelve y sostiene desde la distancia. Decir que no estamos bien puede parecernos una traición a esa imagen y también a la que hemos construido de nosotras mismas.

Además, no siempre tenemos la oportunidad de detenernos. Hay que trabajar, cuidar, resolver trámites, enviar dinero, atender llamadas y continuar levantando la vida que hemos venido a construir. Mientras tanto, algunas pérdidas quedan suspendidas. No pudimos despedirnos, llegar a tiempo, abrazar a nuestra familia o participar en los rituales que ayudan a comprender una ausencia.

A eso se suman otras situaciones menos visibles: el título profesional que dejó de reconocerse, la soledad de los primeros años, la discriminación que preferimos callar, el miedo asociado a una situación administrativa incierta o la culpa por no poder estar cerca cuando alguien nos necesita.

Ninguna de estas experiencias permite afirmar automáticamente que una mujer tiene un problema de salud mental. No debemos convertir en diagnóstico cada emoción dolorosa ni presentar la migración como una enfermedad. Pero tampoco podemos ignorar que la acumulación de adversidades, el aislamiento y la falta de apoyo pueden afectar seriamente a nuestro bienestar emocional.

La Organización Mundial de la Salud señala que muchas personas migrantes experimentan ansiedad, tristeza, insomnio, cansancio o irritabilidad. En la mayoría de los casos, estas reacciones mejoran con el tiempo; en otros, pueden evolucionar hacia una afección que necesite atención profesional.

Hablar ayuda, aunque no siempre es suficiente. También hacen falta redes, servicios accesibles y espacios seguros donde una mujer pueda expresar lo que siente sin ser juzgada, sin miedo y sin tener que demostrar que su dolor es suficientemente grave.

Ser alegre no impide estar atravesando un duelo. Ser agradecida no obliga a negar el cansancio. Ser fuerte no significa poder con todo.

Quizá cuidar nuestra salud mental empiece por reconocer que esa maleta existe, abrirla sin vergüenza y aceptar que no tenemos que cargarla solas.

Hoy quiero preguntarte: ¿qué emoción llevas demasiado tiempo guardando porque sentías que debías seguir adelante?

Nos encontramos en la próxima entrega de Mujer Migrante — Más allá del viaje.

Un fuerte abrazo,

[María Piña](https://www.mariapina.es/)

Periodista, escritora y conferenciante. Fundadora y presidenta del Ecosistema Mujer y Poder e impulsora de proyectos para la visibilidad y el liderazgo de las mujeres migrantes.

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