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title: "Volver"
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description: "Y no me refiero a la vuelta a clases. Me refiero lo que supone volver a ti después de un período largo de haber estado fuera de casa, en mi caso dos meses y medio fuera de Andalucía cuando el plan inicial era un fin de semana largo por Burgos."
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date_published: "2026-09-23T10:30:00+02:00"
date_modified: "2026-09-22T23:35:49+02:00"
tags:
  - "hábitos"
  - "Mujer y POder"
  - "revista"
  - "Rutinas"
  - "Volver"
author_name: "Por Gabi Romano"
category_name: "Desarrollo personal"
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# Volver

![mujer y poder 2](/download/multimedia.normal.b1cd5675463bedef.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Hay una manera de regresar y que no suene a golpe seco. Porque habemos dos tipos de personas: las que mueren por volver a casa después de una vacación y las que, aunque nos guste la vida que tenemos, y nuestro espacio; cuando volvemos ya estamos pensando en el siguiente viaje. Yo sin lugar a dudas soy de las segundas.

Y esto no va de ser inconforme en esa ocasión pongo mano de juramento; va de estar apasionada por la vida. Las experiencias nuevas nos despiertan, nos hacen mirar distinto, aprender, conocer gente, descubrir lugares. Y después de dos meses y medio viajando, conociendo sitios nuevos, conviviendo con gente increíble y, también hay que decirlo, viajando con condición de “refugiada climática”, volver a casa implica algo más que abrir la puerta. Implica volver a encontrarte con tus propios ritmos.

Y aquí es donde vengo a darte algunas pautas para que tu regreso sea mucho más llevadero y que disfrutes de tu vuelta. Te lo detallo a continuación pero spoiler: los hábitos tienen mucho que aportar

James Clear, autor de Hábitos atómicos, insiste mucho en una idea que a mí me encanta: nuestros hábitos no solo producen resultados; también son una manera de demostrar quiénes somos. Cada vez que repetimos una acción estamos reforzando una identidad.

Y esto no es solo una frase bonita para redes. La investigación sobre hábitos lleva años mostrando que repetir una conducta en un contexto similar hace que poco a poco se vuelva más automática. El contexto importa: una señal concreta puede empezar a indicarle a nuestro cerebro qué viene después. Por eso creo que cuando volvemos después de mucho tiempo fuera, o de un viaje que nos ha marcado por la razón que sea, los pequeños rituales pueden funcionar como puntos de conexión. No porque tengamos que vivir con rigidez; sino porque hay cosas que nos recuerdan no solo quiénes somos sino en la persona que queremos convertirnos.

Yo, por ejemplo, ahora a mi regreso a esos 42 grados de día y 38 a las 10 de la noche; necesitaba conectar con lo afortunada que soy al tener el espacio donde vivo, convivir con la persona que amo y habitar una de las tierras más bonitas del mundo. Así que me puse manos a la obra y me tomé el tiempo de parar y analizar qué pasaba y por qué me sentía tan fuera de lugar (no es la primera vez que estoy fuera por temporadas, así que hablas con una experta del tema) Yo ya sé que si me despierto y sigo en la cama “cinco minutitos más”, hay una energía de creación que baja. No sé explicar exactamente qué pasa, pero lo noto.

Así que mi estrategia es tener una pequeña secuencia que me diga: ya estamos aquí.

Me levanto.  
Me lavo la cara.  
Hago yoga.  
Dejo remojando mi chía en yogurt.  
Y paseo a León -mi perro-

-ojo no toco el mvl hasta después de las 9:30 am-

¿Controladora? Sí. Pero en este caso a mí me funciona. Si un día se me pasa, por ejemplo, lavarme la cara y me voy directamente a todo “lo demás”, en mi caso siento que algo no está en su sitio. Lavarme la cara es un acto para mí de honrar mi cuerpo, darme la prioridad y decir. Estoy lista para empezar. Si me lo salto es como estar fuera de la línea de salida. Es un aviso de: Aún no estoy preparada. Y esa pequeña sensación me la puedo llevar puesta todo el día.

Identifica lo que puede darte paz y sensación de agradecimiento y expansión al comenzar tu día. Para ti puede ser meditar, leer unas páginas, preparar el día, tomarte un café o un té, escribir. Debería ser algo que te haga sentir: ya estoy aquí y estoy lista para todo lo que venga.

Después de estar dos meses y medio fuera, yo sabía perfectamente a qué volvía. Andalucía. Eso en verano supone a más de 40 grados durante el día y noches de 38 grados que seguían siendo un horno. Para mí, esto es un entorno de contracción, por eso me fui dos meses y medio pero calculamos mal la vuelta. Sé que debería quejarme menos. Lo sé. De hecho, este 2026 me está enseñando bastante sobre mi relación con el calor. Pero también sé que, de momento, el calor me resta energía. Así que en lugar de regresar y decir: “Qué horror, otra vez aquí”, hice algo mucho más útil.

Hice una lista, puse delante todo lo que me cagaba del calor y al lado escribí qué podía hacer yo para aliviarlo. Que está dentro de mi campo de acción para que el día sea mucho más expansivo para mí.

Por ejemplo:

1. No me gusta salir de casa sin la cara lavada.

Pues lo primero al levantarme: rutina de cara. Aunque después me la lave otra vez.

2. No quiero trabajar por la tarde.  
 Pues despertador a las 7. Me levanto antes y ahí meto mi yoga.

3. Me siento hinchada y pesada.  
 Pues yoga en lugar de gimnasio. Té de menta e hinojo en ayunas y después desayuno.

4. Odio sentirme acalorada.  
 Una mini ducha al volver del paseo.

5. Odio verme con “cara de calor” y pelo erizado.  
 Clean look desde temprano.

Puede parecer una serie de cosas qué hacer, pero no lo es, porque no estaba intentando controlar el calor; lo que hago es controlar mi respuesta al calor; que eso sí está en mis manos. Y aquí vuelvo a una idea de Byron Katie que me parece brutal: podemos distinguir entre mi asunto, tu asunto y el asunto de Dios. Lo que yo puedo hacer, lo que corresponde a otra persona y aquello que está completamente fuera de nuestro control.

Que haga calor, definitivamente, no es mi asunto. Pero levantarme, hacer yoga, ducharme, vestirme, pasear a León muy temprano para evitar el sol andaluz y decidir cómo quiero empezar mi día sí lo es. Y accionar ahí cambia muchísimo la película, porque volver no significa recuperar exactamente la vida que tenías antes de irte, a veces significa volver a construir el puente entre la persona que eras antes de marcharte y la que eres ahora. Y los hábitos pueden ser ese puente.

Una cosa tan sencilla como lavarte la cara antes de salir. Preparar tu té. Ponerte las zapatillas. Abrir el ordenador a determinada hora. Caminar. Leer. Escribir. Pequeñas cosas que, repetidas, empiezan a decirle a tu cabeza y a tu cuerpo: este es mi lugar, este es mi ritmo, aquí estoy y hemos sumado.

No quiero terminar este texto sin dejarte la herramienta secreta, el top de los top para que cualquier vuelta esté llena de color y alegría: El agradecimiento. Porque también se nos olvida.

Qué suerte poder irte.  
Qué suerte poder conocer.  
Qué suerte poder echar de menos.  
Qué suerte poder volver.

![Mujer y Poder (1) (1)](/download/multimedia.normal.82e46184bed484db.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Te lo resumo a manera de método. Le llamaremos el método VOLVER.

1. RECONOCE QUE HAS VUELTO  
 No intentes hacer como si nada hubiera pasado. Has estado fuera, has cambiado de ritmo y ahora toca volver. Reconocerlo es el primer paso para recolocarte.

2. HAZ UN INVENTARIO  
 ¿Qué es lo que más te cuesta de volver? La rutina, el horario, el trabajo, el calor, levantarte temprano, sentirte hinchada, verte fachosa. Ponlo por escrito. Lo que nombras, lo puedes trabajar.

3. DISEÑA TU RESPUESTA  
 Frente a cada cosa que te pesa, pregúntate: ¿qué puedo hacer yo para aliviarlo? No puedes cambiar el calor, pero sí decidir cuándo te levantas, cuándo haces yoga o cómo empiezas tu mañana.

4. CONVIÉRTELO EN HÁBITO  
 No basta con saber qué te funciona. Repítelo. Crea pequeñas señales que le digan a tu cuerpo: ya estamos aquí. Tus hábitos se convierten en ese puente entre estar fuera y volver a sentirte en tu sitio.

5. AGRADECE EL REGRESO  
 Porque poder volver también es un privilegio. Agradece haber podido irte, haber conocido, haber vivido, haber echado de menos y tener un lugar al que regresar.

No todos tenemos la misma posibilidad de hacerlo y quizá por eso, después de viajar, siempre regreso con esa sensación tan clara de que la vida es un regalo enorme. Viajar me lo recuerda. Pero volver también. Porque al final, volver no es solamente regresar a un lugar. Es volver a retomar tu espacio con energía renovada.

¡Qué suerte que al despedirme de alguien me sienta triste!.

¡Qué suerte que haya lugares que me duela dejar!.

¡Qué suerte que tenga un lugar que ame al regresar!.

Y, sobre todo, qué suerte que la despedida nunca fue de ti.

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